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Mirador de Valdelloso

El mirador de Valdelloso se alza como un vigía imperturbable de la unión entre el Arroyo de la Vega y su hermano mayor, el río Tajuña. Un balcón al Tagonius de los romanos, pero también un testigo del paso de la Historia por Villar, desde los primeros pobladores hasta la llegada del ferrocarril.

Precisamente, en las laderas de esta zona se localizaban asentamientos esporádicos de la Edad del Bronce, son los que se denominan fondos de cabaña, generalmente próximos a manantiales de agua.

Eran los más numerosos y generalmente, sin fortificaciones ni murallas, debieron corresponder a pequeñas agrupaciones de cabañas en torno o próximas al manantial. Unos ejemplos los tenemos en las cercanías de la Fuente de Gascueña y en el Barranco del Guindo.

Este tipo de yacimientos al aire libre, que carecen de recinto amurallado, son los más generalizados en todo el área de las cuencas fluviales de la Comunidad de Madrid, siendo abundantes los hallazgos de cerámicas de la Edad del Bronce en las  explotaciones de los areneros del Manzanares y Jarama, dentro de los llamados fondos de cabaña, suelen ser vasos sin pie con tendencia cónica u ovoide y superficies oscuras de escasa decoración.

La causa de encontrar tan numerosos yacimientos de poblados al aire libre, se justificaría por el tipo de economía ganadera, básicamente ovino y caprino, que era parte de su dieta. La agricultura estaba poco desarrollada en el centro peninsular, aunque cultivaros trigo, cebada, leguminosas, lino, lana para ropajes, mimbre y esparto para cestería.

El importante número de cuencas fluviales de Madrid con cursos de agua permanentes, facilitaría el crecimiento de abundante pasto en los valles y terrazas, y explicaría como en épocas prehistóricas e históricas existieran poblados en los cursos fluviales medios y bajos. Desgraciadamente aún existen lagunas sobre la población prehistórica de Villar y debemos apoyarnos en la investigación sobre los testimonios escritos, para conocer su historia más inmediata hasta que las excavaciones o hallazgos fortuitos ayuden a remontarnos a conocer mejor su origen remoto.

También, desde el mirador de Valdelloso se puede contemplar el trazado del antiguo ferrocarril de los 40 días. Una obra de ingeniería en plena Guerra Civil de la que hoy quedan restos imborrables como el túnel de Valdelloso o las ruinas del viejo puente por el que discurría la línea férrea.